Osiris de Jesús Cuéllar Martínez 
Presidente Junta de Vigilancia

Celebrar los 57 años de Coprocenva es detenerse un momento, mirar el camino andado y sentir orgullo, no solo por los años cumplidos, sino por todo lo que representan: una historia construida a pulso, con voluntad colectiva, con sueños que se cruzan y se acompañan.

Cada asociado sabe que Coprocenva no nació de la nada, ni creció por azar; surgió de una necesidad muy humana: la de unirse para salir adelante. Desde ese momento, y a lo largo de sus 57 años, ha sido un reflejo fiel de lo que ocurre cuando las personas creen en la cooperación, se organizan con propósito y trabajan pensando en el bien común.

A lo largo de casi seis décadas, esta cooperativa ha sido mucho más que una entidad financiera. Ha sido un hogar económico, una escuela de vida, un espacio donde se aprende que el dinero puede ser una herramienta de crecimiento cuando está al servicio de la dignidad de sus asociados y de la comunidad que le rodea. Miles de familias en el Valle del Cauca, el Cauca y otras regiones han encontrado en Coprocenva no solo servicios, sino acompañamiento real. En tantos lugares y circunstancias donde muchas veces el sistema no llega, Coprocenva ha estado presente, ofreciendo no solo ahorro o crédito, sino también confianza, cercanía, escucha.

Hablar de Coprocenva no es solo hablar de dinero y empresa: es hablar de personas. Porque detrás de cada cifra, de cada meta alcanzada o sede inaugurada, hay rostros, historias, decisiones valientes. Están los asociados, que desde su primer aporte decidieron confiar, sembrar a largo plazo. Están los líderes fundadores, los consejeros y la Junta de Vigilancia que, a través del tiempo, han sabido mantener el rumbo sin olvidar el sentido. Están los trabajadores, quienes día a día sostienen con su labor la calidad del servicio, pero también la calidez del trato. Y están, por supuesto, las comunidades: esas que han crecido de la mano de la cooperativa, que han encontrado en ella una aliada para emprender, estudiar, mejorar su vivienda o simplemente soñar con un futuro más justo.

Hoy, cuando decimos "¡felices 57 años!", lo hacemos con el corazón lleno, porque no es cualquier aniversario. Es el testimonio de que sí se puede construir una economía distinta, más humana, realmente solidaria. En un mundo que muchas veces valora lo inmediato, lo individual, lo competitivo, Coprocenva nos recuerda que hay otras formas de hacer las cosas: que el ahorro responsable, la ayuda mutua, la educación financiera con enfoque social y la participación activa siguen siendo caminos válidos y necesarios para transformar realidades.

Además, estos 57 años llegan en un momento histórico que no es fácil. Hemos vivido tiempos inciertos, marcados por crisis globales, retos sociales y profundas desigualdades. Y, sin embargo, Coprocenva ha seguido firme, adaptándose sin perder su esencia, creciendo sin alejarse de su gente. Eso no se logra solo con buenos números o estrategias; se logra con valores, con convicciones profundas, con un compromiso que va más allá de lo administrativo para tocar lo ético, lo comunitario, lo humano.

La resiliencia de Coprocenva ha sido, quizás, una de sus mayores enseñanzas: enfrentar desafíos, reinventarse cuando ha sido necesario, tomar decisiones difíciles sin abandonar a nadie. Porque ser fuerte no significa volverse inalcanzable. Al contrario, la fortaleza de Coprocenva ha estado en su capacidad de mantenerse cercana, de seguir escuchando a los asociados, de responder con empatía, incluso cuando las circunstancias son complejas.

Y hay algo más que no podemos dejar de decir en este aniversario: gracias. Gracias a cada persona que ha hecho parte de esta historia, desde quienes soñaron su fundación hasta quienes hoy continúan escribiéndola. Gracias a los asociados que no han soltado la mano, que creen en el poder de lo colectivo. Gracias a los equipos de trabajo, que entienden que su labor no es solo técnica, sino también profundamente social. Gracias a las juntas, a los comités, a las asambleas, que han cuidado el rumbo con transparencia y responsabilidad.

Cada año que pasa, cada nuevo proyecto que se concreta, cada meta que se alcanza, es un motivo para renovar el compromiso. Porque todavía hay mucho por hacer. La educación cooperativa debe seguir fortaleciéndose, los servicios deben adaptarse a nuevas realidades y los vínculos comunitarios deben seguir siendo el corazón de esta gran familia. Es en la cotidianidad, en lo pequeño, donde se cultiva la cultura solidaria que ha sostenido a Coprocenva durante todos estos años.

Además, no podemos olvidar que esta cooperativa tiene raíces profundamente ligadas a la educación. Fue fundada por docentes, hombres y mujeres convencidos de que la organización económica podía ser una herramienta de desarrollo para sus colegas, sus familias y sus comunidades. Ese origen le da a Coprocenva un alma particular: una vocación pedagógica, una sensibilidad especial hacia la formación, el diálogo y la construcción de ciudadanía. Y es precisamente esa herencia la que debemos seguir honrando, especialmente en tiempos donde la educación financiera y el pensamiento crítico son más urgentes que nunca.

Al mirar hacia el futuro, lo que se viene es tan desafiante como prometedor. La digitalización, los nuevos modelos de negocio, los cambios en las formas de relacionarse y de consumir son una realidad que interpela a todas las organizaciones, y Coprocenva no es la excepción. Pero si algo ha demostrado esta cooperativa es que tiene la capacidad de evolucionar sin perder el alma. Que puede modernizarse sin dejar de ser humana. Que puede hablar el lenguaje de las nuevas generaciones sin olvidar las voces de quienes la hicieron posible.

Por eso, este aniversario es también una invitación: a seguir creyendo en la economía solidaria como alternativa ética; a seguir construyendo comunidad desde lo financiero, pero también desde lo afectivo, lo cultural, lo ambiental; a seguir apostándole a la confianza como base de las relaciones. Y, sobre todo, a seguir cuidando esa llama cooperativa que, en medio de tantas turbulencias, sigue encendida y dando calor.

Porque, en el fondo, eso ha sido Coprocenva durante estos 57 años: un fuego colectivo que no se apaga. Un lugar donde los sueños de muchos se han juntado para volverse posibles. Un camino compartido, lleno de obstáculos, sí, pero también de logros, aprendizajes y celebraciones como esta. Que vengan muchos años más, con nuevos retos y también con nuevas alegrías. Y que nunca falte lo más importante: la voluntad de caminar juntos.

¡Felices 57 años, Coprocenva! Que la gratitud nos acompañe siempre, y que el futuro nos encuentre tan unidos, tan solidarios y tan humanos como hasta ahora.