Por: Raul Quintín Chávez Vargas
Vicepresidente del Consejo de Administración
Por cerca de 30 años he tenido la enorme satisfacción de pertenecer a la cooperativa Coprocenva y, en la mayoría de ellos, el honor y la responsabilidad de integrar su cuerpo directivo.
Desde esta experiencia, considero oportuno compartir algunas reflexiones sobre el camino recorrido y señalar aspectos que, a mi juicio, no deben perderse de vista si queremos seguir avanzando en la senda de progreso que anhelamos.
Mi ingreso a la cooperativa se dio poco después de la apertura de la agencia en Piendamó, en un momento clave: la transición desde procesos manuales y semiautomatizados hacia la sistematización financiera. Aquella etapa coincidió con la llegada de las computadoras personales a Colombia, inicialmente con MS-DOS y luego con Windows 3.x y Windows 95, lo que permitió incorporar bases de datos, herramientas ofimáticas y soluciones tecnológicas aplicadas a la contabilidad y las finanzas. Paralelamente, surgieron nuevas formas de comunicación, como el teléfono celular, que reemplazó al beeper, y posteriormente la masificación de internet a finales de los años noventa.
Como ocurrió en muchas organizaciones, este proceso implicó desafíos importantes para Coprocenva. Hubo errores y aprendizajes, pero también avances significativos que fortalecieron la gestión y mejoraron la calidad del servicio a los asociados. Gracias a ello, la cooperativa ha podido enfrentar y superar momentos críticos, como la crisis cooperativa de 1998 y, más recientemente, la pandemia. De estas experiencias queda un activo invaluable: la capacidad de adaptación frente a los retos.
Hoy, Coprocenva continúa apostándole a su transformación digital, destinando recursos y esfuerzos a la implementación de sistemas modernos, ágiles y seguros, siempre con el propósito de alcanzar la excelencia en el servicio. Sin embargo, es importante subrayar que la tecnología es solo un medio. La verdadera evolución ha sido estructural: el paso de un sueño impulsado por un pequeño grupo de emprendedores a una organización sólida, referente de la economía social regional, que impacta positivamente a miles de familias.
De allí surge una primera reflexión: la modernización es nuestra herramienta, pero el cooperativismo es nuestro fin. El verdadero motor de COPROCENVA son las personas: asociados y colaboradores que, desde sus distintos roles, encarnan los principios y valores que orientan nuestra labor y garantizan el cumplimiento de la misión institucional.
Una segunda reflexión apunta a la prudencia. La experiencia enseña que actuar con mesura en tiempos de bonanza es la mejor preparación para enfrentar épocas de dificultad. Si bien las finanzas de la cooperativa han sido manejadas con responsabilidad, siempre existe el riesgo de caer en excesos cuando los recursos abundan, especialmente cuando no provienen del esfuerzo individual. Por ello, es fundamental mantener el equilibrio, recordando que la solidez económica es indispensable, pero que es la integridad moral la que sostiene a una cooperativa en el tiempo.
La tercera reflexión se relaciona con la complejidad de la labor directiva. Dirigir una cooperativa implica encontrar un delicado equilibrio entre la razón y la sensibilidad social. Las decisiones deben basarse en el análisis riguroso de las cifras, pero también en la comprensión del impacto humano que estas generan, particularmente en los asociados más vulnerables. En este contexto, la ética se convierte en el pilar fundamental de la confianza, y la confianza es, sin duda, el activo más importante de una cooperativa de ahorro y crédito.
Finalmente, deseo destacar una convicción profunda: en Coprocenva no solo se administran recursos financieros, se gestionan sueños, esperanzas y proyectos de vida. Esta responsabilidad trasciende lo económico y exige un compromiso permanente con la honestidad y el servicio.
Confío en que quienes asumen el liderazgo en el Consejo de Administración 2026–2028 continuarán esta labor con determinación y sentido ético. A quienes hoy culminan su gestión, expreso, en nombre de los asociados, un sincero reconocimiento por su dedicación y aporte: Jhon Jairo, Adriana y Franklin.



